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Ganador IV Concurso de microrrelatos ELACT “LOLA FERNÁNDEZ MORENO”

  • A. Parra
  • 25 abr 2016
  • 2 Min. de lectura

ACTA DEL FALLO DEL JURADO CORRESPONDIENTE AL IV CONCURSO DE MICRORRELATOS ELACT

“LOLA FERNÁNDEZ MORENO”

Siendo las 21:00 horas del día quince de abril de dos mil dieciséis, se reúne en Cartagena el jurado del Tercer Concurso de Microrrelatos ELACT “Lola Fernández Moreno”, compuesto por los escritores Dª Lola Gutiérrez Sánchez, D. Miguel Ángel Casaú Valverde y D. Antonio Parra Sanz, quien actúa también como secretario.

Tras deliberar ampliamente sobre las 222 obras presentadas a concurso, realizan una primera votación tras la cual quedan seleccionados los siguientes relatos:

14 EL OLVIDO INVASOR

84 ÚLTIMO TANGO EN CARTAGENA

86 METAMORFOSIS

88 FUGACIDAD

161 CALA CORTINA (2)

187 LO FEO Y LO SUBLIME

200 SUSPIROS DE CARTAGENA

216 EL RITUAL

Una vez realizada una segunda votación, tras valorar de nuevo los ocho, deciden declarar por unanimidad ganadora del Cuarto Concurso de Microrrelatos ELACT “Lola Fernández Moreno”, dotado con trofeo y 400 euros, a la obra titulada EL RITUAL, cuyo autor es ANTONIO ALFONSO ALONSO, domiciliado en Villablanca (Huelva).

Para dar fe y en prueba de conformidad, los miembros del Jurado firman la presente acta en la fecha y el lugar arriba indicados.

Lola Gutiérrez Sánchez Miguel Ángel Casaú Valverde Antonio Parra Sanz

EL RITUAL

Antonio Alfonso Alonso

Andrés siempre fue un hombre metódico. Trabajó durante casi medio siglo en la misma oficina de correos. Y desde su jubilación, había seguido cada día el mismo ritual.

Como cualquier otra mañana, Andrés abrió los ojos a las 7 en punto. Tras ponerse las gafas, se levantó de la cama y subió la persiana. No llovía. Abrió de par en par la ventana y respiró profundamente. Entró al baño, tomó una ducha, afeitó sus arrugas, se vistió y preparó el desayuno: café sin azúcar y una manzana.

Salió de casa y caminó hasta el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios. En la floristería de la puerta compró una orquídea. Se paró frente a la lápida de Clara, su mujer. Hizo el intercambio de flores y leyó un poema casi musitando. Después visitó a todas sus amigas y amigos muertos.

Volvió a casa a mediodía, almorzó y luego trabajó hasta la hora de cenar en una recreación en maqueta de la antigua ciudad de Carthago Nova. Escribió un breve poema, vio un rato la televisión y se acostó temprano; soñando despierto con Clara. Y soñó y soñó, hasta que, sobre las 5.20 de la madrugada, cumplió por fin su sueño.




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